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LA DAGA Y LA ESCLAVA. 2
El asesino, embutido en su oscura capa de viaje, miró por la borda como la costa se convertía en una sinuosa línea en el lejano horizonte. Un asesino de su rango jamás dejaría escapar una lágrima por dejar algo atrás. Estaba acostumbrado a viajar allá donde su casta requería de sus servicios. Por eso, aquella humedad en los ojos, tenía que ser sin duda, debido a la brisa marina. Si, era eso. Y quien afirmara lo contrario, disfrutaría de un encuentro privado con su daga envenenada
Pensó en los pocos meses que llevaba como propietario de sihaya. Su kajira. Y pensó que jamás un tiempo compartido pudo ser más feliz. El, que se había negado toda esperanza de felicidad, entregado a su casta, había encontrado su hogar en la piel morena de aquella mujer. Sus palabras sinceras. Su risa franca. Sus hermosos silencios. Todo le indicaba que era lo único que necesitaba para sentirse verdaderamente completo. En su profesión no se solía entablar vínculos de afecto o amistad con casi nadie, pues los viajes eran largos, y los encargos, complicados. Pero el tenia un amigo. Alguien a quien una vez, y de manera casi fortuita, salvó. Se habían jurado amistad, con pocas palabras, pues ninguno de los dos eran dados a largos discursos. El, un asesino meticuloso. El otro, un tarnsman solitario. Nadie mejor que el, para que cuidara de su collar hasta su regreso. Y así fue como sihaya, su estrella oscura, su destino, quedó a salvo en Treve, hasta su regreso. Volvió a sacar de su bolsa de cuero, un largo mechón del ensortijado cabello de sihaya, y aspiro su perfume. Le habló en voz suave:
-"Pronto, kajira. Estaremos juntos"-
Luego, girando sobre sus talones, descendió hasta el camarote, con la misión bullendo en su cabeza. Obligándose a apartar todo lo que no fuera esta, de su mente.
La kajira canturreaba una melodía de Ar, mientras repasaba las botas de piel del dueño de aquella tienda, que ahora era su hogar. Canturreaba y sonreía, por que sabia que en la noche, como todas las noches, sus sueños volverían a traerle a su Amo hasta las pieles, donde ella, lo adoraría como siempre. Sonreía de felicidad. Y se sentía agradecida de estar allí, donde quería su Amo. No podía imaginar nada mejor. La gruesa cortina de piel de la tienda se abrió, dejando entrar una ráfaga de luz de sol, que hizo que la kajira levantara la vista de su tarea, y pestañeara. El Amo cruzó en umbral y como siempre, con un aspecto ausente y se dirigió hasta sus pieles, donde dejando caer su cuerpo, protesto:-"Estos mercaderes sacarían de las casillas a los propios Reyes Sacerdotes. Es cansado tener que regatear con ellos, hasta encontrar un precio justo. Y cuando crees tener la mercancía vendida, vuelven a empezar…"
En realidad, no hablaba con la kajira, que rápidamente, había dejado su tarea para arrodillarse cerca del Amo, a la espera. Ella había sido encomendada a su cuidado hasta el regreso de su Dueño. Pero había aprendido a apreciar a aquel hombre, que siempre parecía tener la mente en otro lado y al que había descubierto más de una vez, en noches de vela, sentado bajo las lunas de Gor. Como si hablara con ellas o esperara alguna respuesta. Era bueno con ella. Y habían mantenido largas charlas donde ella había adivinado aspectos de su pasado que el, no deseaba recordar. Ella no era quien para indagar en ellos, así que trataba de distraerlo con conversaciones. Seguía allí, arrodillada, mientras el Amo, sin prestarla mucha atención, ojeaba un pergamino de propiedad, que debería extender a la caravana. Esta saldría pronto con las mercancías que había logrado, tras largas horas de batallas dialécticas, vender.
-"Muchacha- dijo el Amo sin levantar la mirada- ¿acaso no tienes ninguna tarea hoy?
La kajira, humilló sus ojos hacia el suelo, y con una suave voz modulada, se dirigió al Amo, preguntando:
-" Amo…¿soy una kajira hermosa?
La cara de hombre era una máscara de sorpresa cuando levantando su vista del pergamino, la posó sobre el rostro de la esclava. Ella continuaba con sus ojos fijos en el suelo de piel de la tienda. El Amo acaricio su corta barba y luego se incorporó, quedando sentado a la manera goreana, con las piernas cruzadas. Dejó el pergamino en las pieles a su derecha.
-"Eres una kajira muy hermosa. ¿A donde quiere llegar tu pregunta?
-"Amo…mi Señor conocerá otras kajiras en su viaje. El está lejos, y encontrará lugares donde las muchachas, quieran atenderlo como Amo. El no volverá a mí hasta dentro de unas lunas. No soy más que una kajira, lo sé. Pero el…es mi Amo. El primero que me puso un nombre y me trato como lo que soy. No debo pedir nada y debo confiar en el. Mi collar me reconforta, pero aun así… "
El Amo, soltó una suave risa, palmeando su muslo con la mano. Ella no lo había visto reír en demasiadas ocasiones, así que se sintió azorada. ¿Qué podía haber dicho mal para que se riera? Pero el gesto que a continuación vino, despejó toda duda. El, acarició en ensortijado pelo de la kajira. Había reído de sorpresa y sinceramente. Eso alegro a la esclava.
-"Muchacha. El te ha confiado a mí. El honor que me hizo, hace que te hable claramente, a pesar de que no estoy obligado a ello. Pero eres su kajira. ¿Lo entiendes? Al partir solo me hizo una pregunta. Me dijo…"dime que no hago lo correcto y no la dejare aquí". Yo asegure que nadie más posaría su mirada en ti. Que estarías bajo la protección de mi espada, a salvo. Cuando lo vi sonreír, ante esas frases, comprendí que te ama, esclava. Así que tus dudas son las dudas que toda kajira que ama a su Señor, tiene. Pero su collar se ha quedado aquí, en tu cuello. Y el, volverá a por ese collar, tal como se fue. Lo vi en sus ojos."
Las lágrimas que rodaban por el oscuro rostro de la kajira, salían del lugar más feliz de su corazón. El Amo la dejo llorar unos segundos, pues comprendía ese tipo de amor. Lo había vivido. Así que busco una sonrisa para ponerla en su rostro, a pesar de los recuerdos, cuando dijo:
"-No veo que mis botas estén repasadas. Así que atiende tus obligaciones y piensa que, en este momento, su collar esta en ti. Eso es lo que te hace ser una buena kajira. Vamos, acude a tus tareas…"
"Ma, Vana´She…" dijo la kajira mientras se incorporaba, canturreando de nuevo, El la miró. Y en silencio, ausente de nuevo, sus ojos se posaron en aquellos pergaminos, recordando.Rask, Tarnsman de Treve