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LA DAGA Y LA ESCLAVA. 1

Jamás había recibido un encargo tan fácil en todo su tiempo como asesino. Y eso hizo que sus sentidos desconfiaran de todo, pues como lo habían enseñado en su casta, hay miles de tumbas de hombres confiados. Llegó al puerto de Schendi el atardecer previsto, en el octavo ahn del día. El barco se encontraba atracado, tal como sus contactos le habían informado. Reconoció el nombre: "Alsuhail. La Estrella Oscura " Era el nombre de una astro que había visto señalado en las cartas de navegantes del mar de Thassa. Marcaba el camino de regreso al hogar.

Se dirigió hacia la pasarela del barco, donde uno de los marineros, comprobaba los accesos a bordo. El "Alsuhail" era un barco muy grande, unos 20 camarotes para viajeros adinerados y una bodega donde otras 100 personas podían acomodarse para la travesía. Pero el asesino no pensaba en travesías, ni siquiera en abandonar Schendi. El barco zarparía al amanecer y el, ya estaría lejos, con su encargo cumplido, para ese momento. Buscaba a un rico mercader. Jamás preguntaba el motivo, pero sabía que la estafa y el robo, eran los delitos que habían puesto precio a su cabeza. Un precio muy alto.

El asesino pasó a bordo del barco, y eligió un lugar en el puente, por donde ver subir al resto de pasajeros. Sabía que su victima aún no había subido a bordo y mientras esperaba, repasó una vez mas el plan de huida. Seria rápido. No le habían pagado por una muerte lenta y dolorosa, dado que el lugar elegido, tenía que ser abandonado antes de que zarpara. Sería rápido, ese hombre tenía poderosos enemigos, pero no eran crueles. Solo era una cuestión de negocios. Nada más. El mercader hizo acto de presencia en el muelle. Ropa lujosa, una daga ricamente adornada en su cintura, sandalias de cuero y repujadas. Verdaderamente si quería pasar desapercibido, no lo habría logrado vestido así. Quizás pensaba que el dinero estafado le procuraría seguridad. Mal pensado.

Observó sus movimientos, nerviosos. Observo también a la kajira que lo acompañaba tras el. Al principio solo la miró rápidamente para archivar sus rasgos. Pero algo lo hizo detenerse en ella. La miró de nuevo. Su piel era oscura y parecía suave. Su cabello era negro, ensortijado. Rasgos exóticos para una kajira. Su rostro estaba triste. Y el había visto ese rostro en esclavas que no eran felices sirviendo a sus Amos. Pero no podía entretenerse con una simple kajira, cuando el momento se acercaba. La oscuridad ya tocaba el cielo, y el asesino preparó su cuerpo y su mente. En su muslo derecho, portaba una fina daga de hueso, impregnada en veneno. Un roce con ella era letal. Y la muerte acudía como un sueño. Quizás era más de lo que el mercader merecía. Pero el no era quien para juzgar eso. El solo estaba allí para cumplir su trabajo. El mercader bajó por las escaleras que conducían al la primera bodega, donde los camarotes mas grandes, albergaban a los pasajeros mas acomodados. El asesino sabía que camarote ocuparía el hombre. Solo era cuestión de esperar a que este se sintiera a salvo y actuar. Miró las estrellas y volvió a sentir esa sensación que hacia un tiempo le perseguía. No sabía ponerle nombre, pero la sentía ahí. Dentro de él. Era un vacío que a veces lo dejaba tan hueco de sentimientos. "Un asesino ha de permanecer ajeno a los sentimientos", se repetía. Pero sabía que solo era un engaño. Rehuyó de sus pensamientos y acometió su trabajo. Era el momento de ganarse el dinero que le habían pagado. Era el momento de matar.

Como una sombra dentro de su capa oscura, el asesino bajó los escalones que llevaban al primer nivel de camarotes. La madera crujía levemente al contacto de sus botas de piel y mentalmente, contó las puertas, a un lado y a otro, del estrecho pasillo. Una señal en la madera, imperceptible para otros ojos, que no fueran entrenados, y hecha por quien había pasado toda la información al asesino, delató que detrás de ella, el mercader se alojaba. Laúltima morada que conocería, eso era seguro. Como una ráfaga de viento que se cuela bajo la rendija, el asesino entró dentro del espacioso camarote. El mercader, paralizado, vio la imponente figura del hombre vestido con ropas oscuras, que con un gesto poderoso le ordeno no abrir la boca. A los pocos inhs, el mercader había entendido que era un asesino quien estaba allí, delante de el, para matarle, y en su garganta, un grito de pavor comenzó a formarse. Pero dicho grito jamás llego a rasgar el aire.
La daga del asesino, había penetrado en su pecho, de un solo golpe rápido y certero. Cuando el grueso cuerpo del mercader tocó el suelo, ya estaba muerto. Ahora venía la peor parte. Jamás dejar testigos. La kajira estaba arrodillada en un rincón, en completo silencio y con una pose que al asesino, no le pareció otra cosa que serenidad. No lo miraba a los ojos. Pero miraba hacia el. Con un gesto hermoso y altivo, la kajira ofreció su cautivo cuello al asesino, levantando la barbilla y girando la cabeza, suavemente hacia un lado. Pudo ver su collar y escuchar su voz:

-"Por favor, Amo. Que sea rápido. No perdáis tiempo con una simple kajira cuya única felicidad en su vida, ha sido ver muerto antes que ella, al cruel hombre que me compró. Dejadme daros las gracias antes de que acabéis con mi vida."

El asesino limpió la daga en la costosa túnica del mercader muerto y sus ojos, por unos momentos, miraron a través de la escotilla del camarote. La estrella oscura ya se mostraba en el cielo. Oscura como la piel de aquella kajira. Y sin embargo, tan luminosa, que no se sentía vacío por primera vez en mucho tiempo. Con pasos silenciosos, se dirigió a la esclava, empuñando el arma. Días después, en una oscura taberna de Bazi, el asesino presentaba el sello que el mercader portaba en su mano derecha. El hombre delante de el, reconoció en anillo y sonrió pensando en la muerte de su dueño. Guardó el anillo en una bolsa de piel, colgada de su cuello, diciendo:

-"Necesito esta prueba ante mis superiores. Has hecho un buen trabajo, como siempre y se te esta agradecido. Espero que tu legendaria discreción, no dejara testigos en el lugar."

-"Eso podría tomármelo como una ofensa, si no supiera como se, que no me conoces. La kajira que acompañaba al mercader, murió en ese camarote. Usé su cuerpo para atraer a las bestias marinas y entretenerlas, mientras yo nadaba hasta ponerme a salvo. Nada quedo de ella."

En silencio, ambos hombres se despidieron. El asesino se embozó en su capa y salio de la taberna. Caminó varias calles, observando como solo sabe hacerlo un asesino, si alguien seguía sus pasos. Con la tranquilidad de no saberse seguido, entró en la posada donde pocos anhs antes, había alquilado una habitación, hasta el encuentro con aquel hombre en la taberna. Al entrar en ella, los ojos de la kajira, lo miraron por un momento y el, por primera vez desde hacía mucho tiempo, sonrió. La kajira, arrodillada al fondo de la habitación, acompaño la sonrisa del hombre con un hermoso saludo.

-"Recuerda siempre que moriste en aquel camarote. Y que habrá que buscar un buen nombre para ti. En eso pensaremos mañana, ahora ven a las pieles."

-" Ma, Vana ´she " fueron sus palabras. Y mientras caminaba feliz hacia su Amo, sus pensamientos le decían que la ironía del destino había hecho que un asesino, la trajera de nuevo a la vida. En pocas ocasiones Gor es justo. Pero Gor es Gor.

Rask, Tarnsman de Treve