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LA DAGA Y LA ESCLAVA. 3

Como tres sombras silenciosas, confundiéndose con la noche que les brindaba algo de protección y ventaja, el tarnsman, el asesino y su kajira, corrían presurosos por el bosque de Swamps. El tarnsman, en cabeza del grupo, cortaba ramas y matojos con su espada, con el brazo dolorido por el esfuerzo continuo, para poder avanzar algo en aquella inmensidad verde. Portaba su escudo en la espalda, pero no llevaba su casco. Recordó el comienzo de todo aquello. El mensaje que le pedía reunirse con el asesino en Ar, llevando a su kajira con el. Y como habían sido sorprendidos, por ocho miembros de la casta negra. No era momento de lamentos, si no de defender su vida y la del resto del grupo. Quizás, solo quizás, tendrían una oportunidad, unos ahns mas adelante.

La kajira iba en segundo lugar. A duras penas intentaba no perder el paso, tras las largas zancadas del guerrero. Sus piernas eran mensajes de dolor continuo. Su cuerpo, cubierto solo con su camisk, tenía innumerables arañazos y cortes, debido a la agreste vegetación del bosque. Ni una queja. Ni un gemido había salido de sus labios en toda la dura marcha. No quería poner en peligro la vida de su Amo, ni la del hombre que la había cuidado durante esos meses. No temía por la suya, ya que no le pertenecía. Respiraba afanosamente y el sudor empapaba su oscura piel.

El asesino cerraba el grupo. Maldecía cada paso que daban en dirección hacia no sabia donde. Solo sabía que había puesto en peligro la vida de su amigo, y la de su kajira. Su casta jamás olvidaba. Siempre tiene ojos vigilantes en todos los lugares del planeta y jamás perdonaba. Haber salvado la vida a aquella esclava, haber mentido a su casta por amor a ella, lo había marcado para siempre. Y ahora, de sus habilidades como asesino, dependía aquella huída. Con extremo cuidado, iba borrando las huellas que el escaso grupo dejaba, con la esperanza de que los hombres de su casta, tardaran algo más en encontrar el rastro. Pero estaba seguro de que al final, los encontrarían. El conocía a los hombres que los perseguían. Ocho seleccionados. Ocho escogidos.

-"Si podemos avanzar un poco mas, a unos dos ahns están las ruinas de un antiguo asentamiento, donde antaño, existió un templo. El Sardar-Tash. Hace años cazaba por la zona y conozco bien el lugar. Tiene una fuente central, con un pozo que oculta un largo pasillo. Quizás con suerte podamos seguirlo hasta un lago cercano. De allí a Venna habrá poco. Podremos encontrar algo de protección en Venna. Si llegamos"

El tarnsman hablaba en la oscuridad de la noche, entre resuellos, mientras la kajira, arrodillada, tomaba aire apoyando sus manos en el suelo y respirando. El asesino, embozado en su capa negra oía a su amigo, pero sus sentidos aguzados, no dejaban de escrutar los sonidos del bosque. Sabía que ellos estaban cerca, quizás en dos grupos de cuatro. Y aún había que recorrer un último tramo hasta las ruinas del Sardar-Tash. Miró a su kajira y acarició su cabello. Ella, levantó su rostro y una hermosa sonrisa se dibujó en su cara. Pensó que merecía la pena defender la vida de esa mujer. Pero el tarnsman.... El no tenía por que verse implicado en aquella aventura. No era su lucha.

Como si algo le hubiera permitido leer sus pensamientos, el guerrero de Treve miró al asesino y dijo: -"En peores me he visto, así que apuremos el paso. Queda poco para el amanecer y este bosque no es seguro. Prefiero tener un muro cubriéndome la espalda si tengo que enfrentarme a uno de la casta negra. No quisiera terminar mis días, apuñalado por la espalda y sin conocer el rostro de mi asesino. Vamos"

Apuraron el paso hasta llegar a las ruinas y antes de adentrarse en ellas, esperaron varios ehns, hasta que el silencio se hizo espeso. Parecía no haber nadie. Como una sombra entre las sombras, el asesino cruzo hasta la fuente central, en ruinas. Era un enorme círculo de piedra, donde antaño, el agua había corrido y refrescado a hombres, esclavas y bestias. Varias estatuas, ahora en ruinas, vigilaban desde el alrededor. La luz de las lunas le conferían aspectos fantasmagóricos. Pero no era a los fantasmas a los que debían temer aquella noche, si no a los asesinos de la casta. Con una señal de su mano, indicó al tarnsman y a la kajira que el sitio era seguro. Estos cruzaron en silencio hasta el patio, y entre todos, pudieron levantar una pesada reja de hierro, en el centro de la fuente. Un oscuro túnel, se abría bajo la reja. Con dificultad, encontraron en la roca del túnel, unas agarraderas de herrumbroso hierro, que les permitirían bajar por allí. El tarnsman parecía conocer bien el terreno. Fue fácil fabricar una antorcha rudimentaria con ramas y usarla para iluminar la bajada. Primero, el asesino, tanteando el terreno, con cuidado. Después…la kajira, siguiendo los pasos de su Amo, que la esperaba un poco mas abajo. Y por ultimo el tarnsman, que asomando su cabeza por el hueco del túnel, indicó a ambos:

-"Intentaré daros ventaja. Corred y llegad a Venna. Es probable que separados tengáis una oportunidad. Hace muchas lunas que mi espada no prueba la sangre de un enemigo. Así que corred por vuestras vidas y que las lunas de Gor os guarden. Os deseo el bien."

Luego, su cabeza desapareció, y con un último esfuerzo, movió la reja hasta colocarla en su lugar. El asesino se apresuró a subir, intentando moverla, pero era demasiado pesada para hacerlo desde su posición. Miró como una sombra de rojo, corría hacia el bosque, con el grito de batalla de Treve en su garganta, y su espada y su escudo entre sus manos, que por un momento, reflejó las lunas. Desapareció en la espesura, gritando. El asesino, bajó de nuevo la escala, mientras su kajira, abajo, sostenía la improvisada antorcha y lo miraba, con un reflejo de tristeza en los ojos.

-"Es un tarnsman. No lo olvides kajira. No caerá sin luchar…"

Comenzaron a caminar por el largo túnel, con el grito de guerra de Treve aún resonando en su cabeza. El asesino dio la mano a su kajira. Esta la aferró con fuerza y siguió, como una sombra, a su Amo.


Rask, Tarnsman de Treve