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EL DESAFÍO

Hemos pasado buena parte de la mañana, revisando mercancías y cerrando tratos con los jefes de caravanas, que vuelven a pujar por mi kajira, mientras que yo, rió con ellos y niego su venta. La llevo tras de mi, a unos pasos apartada, cabizbaja y silenciosa. Ve como oscuros hombres de las tierras bajas, la miran y sonríen con hileras de blancos dientes perfectos. Ella me busca con su mirada humillada, y no se aparta de mi, más de lo necesario.

Cuando el calor ya empieza a notarse, recuerdo la taberna al borde del mercado, bajo los soportales de una de las casas de habitaciones, que se alquilan por noches, para viajeros que acuden a las ventas o a los negocios. Hago una señal a mi kajira, y satisfecho con la ganancia del día, nos encaminamos hacia allá, observando cierto revuelo algunos metros antes de llegar al sitio, pues unos músicos ambulantes, posiblemente que formaban parte de una de las caravanas, han organizado un corrillo en una de las esquinas, donde la gente se arremolina, viendo como una kajira, en el centro de dicho corrillo, danza de forma animada, coreada por las voces de la gente que allí se ha reunido, y que ríe, palmea y grita de jubilo.

Me abro hueco, y miro la escena. Los músicos, unos diez en total, se aplican con esmero en conseguir unos sones animados y pegadizos, que el cuerpo de la kajira bailarina, transforma en lindos movimientos. La canción termina, y el murmullo se eleva, con vítores y palabras de admiración, por la danza de la esclava, que arrodillada y con los ojos bajos, sonríe y respira agitadamente. Monedas caen a su alrededor, que uno de los músicos, al parecer el jefe, recoge y agradece con agradables frases. Cuando la algarabía parece mitigarse, el hombre anuncia a viva voz, que la kajira ha interpretado una danza septentrional, típica de su tierra, y que desafía a cualquier hombre a que emplee a su kajira, por 50 monedas, para demostrar al publico, que su formación como danzarina es mayor que la que aquella kajira ha demostrado tener. Tan solo veo, otros tres hombres libres, a parte de mi, que se vean acompañados de sus kajiras y por sus gestos, ninguno acepta el desafió. 50 monedas es el beneficio sacado en la venta de hoy, mas que suficiente para comprar varias kajiras. Noto como, alguien tira de mi túnica, suavemente y me giro para comprobar que ella, esta tras de mi,
arrodillada y pidiéndome que la deje bailar.

Conozco su cuerpo, conozco su forma de bailar...se que esta a la altura de la otra kajira, pero aun así, tardo un segundo en plantearme si podrá superarla. Miro al músico, que con la sonrisa de un chacal me observa, y arrojo la bolsa a sus manos diciendo que mi kajira, aceptara la apuesta, y que espero, que la banda de músicos, se emplee a fondo para su danza. Mi kajira sonríe...

Le sonrió y ella, con una ágil carrera, se situa en el centro del grupo de músicos. Permanece quieta, como una hermosa ave cuyo plumaje, su camisk, la cubre y la define. El comerciante que realizo el desafió, me mira y enseña una hilera de dientes en una sonrisa franca. Pero, con un tono de reproche fingido...anuncia que la anterior kajira danzo con el chatka y el curla...y que mi kajira lleva un camisk.

"No es justo - dice - que mi kajira no se muestre..."

Levanta su barbilla, humillada sobre su pecho, y su deliciosa sonrisa me pide permiso para alguna diablura. Asiento, y ella, se despoja de su camisk. Con sus propios dientes, muerde las costuras y arranca jirones, que transforma en un chatka. Enrollando un trozo de tela, y anudándolo a su cintura, fabrica un curla, ante el aplauso y el alboroto del gentío, al descubrir su hermoso cuerpo. Gritan y jalean, mientras yo elevo la voz para decirle:

"kajira...volveras desnuda a la casa, lo sabes?"

Ella..arruga su minúscula nariz en un delicioso mohín y mira a sus pies, adoptando una postura elegante y
sensual. Esperando la música...

Cuando esta hace acto de presencia, mi kajira eleva sus brazos, chasqueando sus dedos. Todos miramos sus manos, como hermosos pájaros, danzando encima de su cabeza. Ella, acaricia la arena de la plaza con la punta de su descalzo pie....y dibuja un símbolo que no se llega a distinguir. Continúa elaborando dibujos, con sus manos en alto, sobre su cabeza. Sus manos son pájaros que se arrullan, se acarician y se picotean, sus dedos, hermosos frutos de un árbol. Sus pies siguen jugando con la arena, al compás de la música, cuyos acordes, van acelerándose, al mismo tiempo que el cuerpo de mi kajira, se humedece de un sudor cristalino, que resbala sobre sus pechos, como perlas. Sigue girando, nos distrae con sus manos, sobre su cabeza, nos hace seguir el ritmo de ellas, y sus pies, juguetones...trazan arabescos sobre la arena. El clímax de la música se hace presente, y ella, baja sus manos, y danza, arañando con la punta de sus pies, el suelo, hasta que los músicos ponen fin a la danza, y mi kajira queda arrodillada en el centro de un hermoso dibujo, que ha realizado mientras bailaba, y que nadie ha visto hacer. Pues...nos había engañado a todos con la danza de sus manos. El dibujo es un circulo perfecto...con una frase escrita en goreano que reza: "pertenezco a mi Señor, y solo por el baila esta kajira".

Cuando los hombres del corro, atónitos...leen la frase, el griterío es ensordecedor. Ante ella, caen monedas, pañuelos y hasta se depositan vasijas como regalos. La gente me mira, y me palmea...me piden precio por ella, mientras el mercader músico, lanza una bolsa de discotarns de oro, a mis manos, y me dice: "Te vas más rico de lo que viniste, guerrero." Levanto a mi kajira, cogiendola de los hombros, mientras le respondo:

"Mírala...yo ya era un hombre rico cuando llegue con ella"

Fue desnuda hasta la casa, como le prometí...

Rask, Tarnsman de Treve