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LLEGAR AL HOGAR...
Los últimos peldaños de la escalera, los subo de dos en dos. Sé que estará ahí. Lo intuyo. A ella puedo intuirla. Al meter la llave en la cerradura, me doy cuenta de que no esta puesto el cerrojo y entonces, mi corazón comienza una danza de alegría en mi pecho, al sentirla cercana. Giro la llave y entro, dejando mi bolsa colgada en el perchero y percibiendo el sutil aroma del perfume que mi kajira siempre usa en mi presencia. Como un niño, suelto una risita nerviosa. Debo tranquilizarme. Quiero verla. Me doy cuenta de que en el suelo, docenas de pétalos rojos, forman un camino desde la entrada de la casa, hasta el salón. Sigo emocionado el camino que mi kajira ha trazado con sus manos para su Señor y llego al salón, donde la música del Duduk armenio, eleva la imagen a la categoría de casi una ensoñación. Ella esta arrodillada al fondo, desnuda y con mi collar ceñido a su cuello. El que yo mande hacer para ella. Una cascada de cabello oculta su rostro, humillado hacia el suelo. Mira el punto justo donde me demuestra que solo espera una orden para poder levantar sus ojos, y bendecidme con su sonrisa. Las velas a su alrededor, encendidas, elevan un canto místico y lo dejan suavemente flotando en el aire. La observo y trago saliva. Años a su lado y todavía gozo con cada minuto de su presencia.
Pronuncio su nombre muy despacio, como si temiera verla desaparecer al hacerlo. Y entonces, ella levanta suavemente la cabeza, y tras un mechón de sus cabellos, aparecen sus ojos, tan vivos, tan hermosos, tan sumisos. Me mira al tiempo que abro mis brazos, para recibirla entre ellos, apretándola fuertemente y diciéndole suave, al oído: "Te eche de menos. Te añoraba". Ella pone una de sus manos en mi boca, mientras que con la otra, tira de mi hasta el aseo. Mi baño, el que abre todos nuestros encuentros, esta preparado. Flotan en el, entre la espuma, flores escogidas. Comienza el ritual de desvestirme y a pesar de haberlo hecho una y otra vez, mi cuerpo reacciona siempre de la misma manera, tensándose ante su contacto, que ansió. Ella dobla la ropa y la aparta, mientras tararea una canción que yo la enseñe:
"Esta kajira quiere ser, vasija en los labios de EL. Quiere ser el pomo de su espada, para sentirse en sus manos. Quiere ser la tela de su túnica, pegada a su piel. Esta kajira quiere ser, solo su kajira. Solo para El."
Me introduzco en el agua, lentamente. Dejo que mi cuerpo se aclimate y poco a poco, una sensación de paz, me invade. Ella usa sus propias manos para frotar mi cuerpo, mientras escucho su respiración y huelo su pelo. Como si de mariposas se tratara, sus manos aletean en mi piel, frotándola y acariciándola. Recoge espuma y la esparce por mi pecho, con tal lentitud, que temo quedarme dormido entre su arrullo. Toca partes de mi cuerpo, que reaccionan de inmediato y mi pene, se eleva poco a poco, despierto por las sabias manos de ella. Puedo ver, entreabriendo mis ojos un poco, como se muerde su labio, como tantas veces lo vi hacer y sonríe mientras, descubre mi glande y lo frota delicadamente. Un largo suspiro escapa de mi, y mis manos, aprietan el borde de la bañera, mientras que dejo que ella, haga su trabajo. Con su dedo índice, traza círculos en mi glande, y sin que sepa que yo la miro, me mira de reojo. Se sobresalta cuando sin esperarlo, la pregunto:
-"¿Qué trata de hacer la kajira?"
Una risita nerviosa, que conozco bien, escapa de su boca. Y con ella me pide permiso para ser traviesa. Es su premio, por tantos días sin poder vernos. Sin poder tocarnos. Completa mi aseo, siempre manteniéndome excitado. Sabe que ahora tiene permiso para ello, y lo usa sabiamente. No os podéis imaginar cuanto. Salgo de la bañera y me envuelve con una toalla, en otro largo abrazo. Noto su collar en mi piel, y me emociona su contacto. Cuando termina de secarme, dobla la toalla y se arrodilla, dulcemente, en la puerta del aseo. Me dirijo desnudo hacia nuestro dormitorio, y me giro, observando como ella me sigue a gatas, deteniéndose en el momento en que yo lo hago y comenzando la marcha, a la vez que yo. Como una gata obediente, sube al lecho, y adopta la postura que elegí para ella. Se arrodilla, dándome la espalda, y mostrándome su grupa, preparada para mí. Sus manos están cruzadas delante de ella y solo el compás de su respiración, agita su cuerpo. Uso una cadena, larga, para unir su collar al cabecero de la cama. Su cuerpo se tensa. Se como reacciona cuando esta excitada. Y en ese momento…
Dejad que lo ocurrido después, permanezca en secreto. Estoy seguro de que vuestra imaginación podrá poner punto y final a la historia, por poco que lo intenteis…Rask, Tarnsman de Treve