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LEYENDAS SECRETAS
1. "LA REUNIÓN DE LA TABERNA"
Reíamos y bebíamos, viendo bailar a las esclavas sobre la tarima, mientras que el vino subía a nuestra cabeza y bullía en nuestras venas, haciéndonos cada vez mas salvajes y mas ansiosos de hembras. A mi lado, Toruck de Larna, esa pequeña isla al sureste, reía y sudaba, golpeando con las manos al compás de la música. Se volvió hacia mi y me dijo que esto, sin duda, debía ser lo que los sacerdotes definen como el paraíso, una caterva de siervas bailando para ti, desnudas y descalzas, embadurnadas en perfumes y maquilladas como esclavas del placer. Le contesté que sin duda llevaba razón, pero que el paraíso, el verdadero paraíso, esperaba a cada hombre en su tienda, si este había sido capaz de crear en ella, su particular visión del edén. Me preguntó, sorprendido, a que me refería y bebiendo de mi copa de vino especiado, le conté:
"Cuando llego, tras dura jornada de mercadeo, de trajinar con ladrones y usureros que tratan de engañarte, cuando tu mente esta embotada por precios y pesos, por rostros que jamás volverás a ver, por mercancías que parten en largas caravanas hacia el norte, ella esta tras tu puerta, arrodillada en las pieles que extiende a tu llegada. Su pelo refulge a la luz del hogar, donde ella, previamente ha quemado hierbas olorosas y madera perfumada, y da al ambiente una atmósfera de placer que hace que deje mis problemas cotidianos en el dintel de la puerta. Desnuda y descalza, solo ataviada por el collar de mi propiedad, me saluda con un: "Bienvenido Amo, tu presencia bendice la estancia y llena de gozo mi corazón, esclavo de ti." Paso delante de ella, mirándola de reojo y deseándola desde ese momento, pero haciendo como que ni siquiera me doy cuenta de su presencia. Suelo sentarme en mi sillón de madera, acomodado entre tiernos cojines que ella ha bordado con mis iniciales, y rellenado de plumón de ganso de los lagos del "Orahadd". Como una niña pequeña, corretea hacia mi, descalzándome de las pesadas botas de piel, y besando mis pies una vez desnudos. Con una delicadeza que me niego a interrumpir, lava mis pies con una jofaina de agua templada, donde flotan pétalos de la flor del loto y el jazmín, y mientras me asea, canturrea felizmente una canción de esclava, que habla de la bravura de su Amo, de la entrega sin condiciones de su corazón y de la felicidad que da llevar mi collar.
Seca con sus largos cabellos mis pies, y retira la jofaina, para acto seguido, y sin que yo tenga que pedirlo, ofrecerme una copa, mi copa, de vino especiado, que ella misma ha escanciado, depositando un largo beso en el borde , por donde mis labios tendrán el contacto con el dorado metal del recipiente. Mientras que bebo sorbos pequeños del ambarino líquido, ella acaricia mis pies con sus blancas manos, masajeándolos y amansándolos con delicadeza. Yo hablo del día, de las ganancias, de las nuevas telas llegadas del Sur, de los animales que vi en el mercado, ella me mira con ojos ávidos de palabra, con una sonrisa en la comisura de sus labios, sellados hasta que yo de mi permiso para hablar. Pestañea mirándome y sonríe a mis comentarios, yo, lánguidamente meto la mano en la bolsa de mi cintura y enseñándole un pequeño recipiente de cristal negro, le digo que he comprado algo para ella, un perfume traído de allende los mares, donde dicen que las mujeres de morena piel, lo usan para atraer a los machos y copular durante toda una noche de luna llena, para así, dar hijos guerreros, fuertes y astutos, a sus hombres. Esas mujeres llevan collares de esclavas, trenzados en cuero, y no de metal, como el que ella lleva.
Sus ojos se abren ansiosos al ver mi regalo y su sonrisa llega a mostrar sus dientes, cual perlas cautivas en su boca, mientras que nerviosamente, pregunta con su mirada, si será para ella. Jugueteo con la botella de perfume y le digo que si sabe ganárselo, sin duda pensaré que el perfume es para ella, pero que no se lo pondré fácil, es una ocasión especial, y debe comportarse como tal. Ella, deja mis pies y adopta la postura de esclava de placer, de rodillas, sentada sobre los talones, con las piernas abiertas, para que su sexo quede a la vista del Amo, la espalda erguida, lanzando un mensaje de lascivia con sus pechos, proyectados hacia delante, las manos sobre los muslos, con las palmas hacia arriba, y con la cabeza alta, pero con los ojos, sumisamente clavados en el suelo. Esa postura despierta mi lujuria y la miro respirar quedamente, como si no se atreviera a romper la estampa que su cuerpo dibuja sobre la luz que el hogar proyecta a sus espaldas. El único sonido que acompaña a su pose, es el del crepitar del fuego y el latir de la sangre en mis venas, que hincha mi pene y nubla mi vista con una cortina de deseo. Me incorporo, acercándome a ella, y poniendo una mano sobre su cabeza, revolviendo su pelo, ella, pícaramente ha introducido su pequeña mano bajo mi vestidura y juguetea con mis testículos, sopesándolos, amasándolos cálidamente. Cuando cierro los ojos e inclino mi cabeza hacia atrás, ella recoge de mi gesto, la orden de agarrar mi falo, y como una serpiente lasciva, enrollar su lengua en mi henchido glande, mordisqueándolo suavemente y tratando de todas maneras de que ni un centímetro de el, quede fuera de su boca.
Siento como sus labios, como su lengua, como su paladar, luchan contra mi, intentando sacar espesos ríos de semen, pero resisto sus caricias, intentando evadir mi mente, aunque las caricias propiciadas por su experta boca, me hacen suspirar y gemir, hasta que, inevitablemente, largos estertores inundan su boca con una larga eyaculación, mientras que grito su nombre y ella, golosamente, no deja escapar nada, respirando afanosamente entre mi sexo. Caigo derrotado por su victoria sexual, en mi sillón, y puedo ver aún como pasa su lengua por las comisura de sus labios, con un brillo en sus ojos que delata que ha vuelto a derrotarme y que se siente bien por ello. Acerco mi mano, que lleva el frasco de perfume y besándola, recoge el regalo para ponérselo inmediatamente."
Miro la cara de mi buen Toruck, que tiene la boca abierta y me mira a los ojos, pero se que en su mente, bailan las imágenes de mi esclava sirviéndome. Me sonríe mientras me agarra por los hombros y me dice: "Bendito tu, que has alcanzado el paraíso con tu esclava, te envido y se que la mejor de las esclavas tiene sin duda al mejor de los Amos, ahora ven...bebamos por tu dicha." Vamos andando hacia la barra, pasando frente a las esclavas que bailan, y a las cuales, ni siquiera miro. Tengo lo que deseo.Rask. Bajo la inspiración de su kajira